Espérame, que ya llego. Dime cuánto me has echado de menos cuando no encuentre mis bragas. Háblame de tus miedos, que yo te curo. Imagínanos: tú curándome los celos y yo curándote la vida. Tú mirándome mientras duermo y yo soñando contigo.

Yo tan de tirar lo que no funciona y tú tan manitas: sálvanos siempre. Tengo cuatro cosas claras y las cuatro son que te quiero. Vuelve a decirme lo torpe que soy cada vez que se me caiga algo, por los nervios de tenerte cerca. Dime qué día levaremos ancla y en dónde quieres que nos quedemos. De momento, dime que te quedas esta noche.

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Llévame a ver el mar, que quiero demostrarle que soy yo quien posee el océano. Dile a la lluvia que no la necesitamos, que tú me mojas mejor. Declárame la guerra y déjame ganar: teniéndote dentro. Muérdeme, fuerte, no me hagas olvidar el dolor. Cuídame, pero hazme saber que también puedes hacerme sufrir. Enfádate, que tengo ganas de hacer que me perdones, de comerte. Cierra los ojos, pero nunca la boca: bésame toda la vida.

Hazme temblar solo con mirarme. Asústame diciéndome que puedes escuchar mis latidos.

Prométeme que, pase lo que pase, a nosotros nunca se nos hará tarde.

Prométeme también el lado derecho de la cama y tu corazón entero. Cámbiame el sitio y demuéstrame que lo importante es que estemos juntos. Estudia cada uno de mis movimientos y saborea cómo en todos te digo que te quiero.

Sonríeme, pon celosa a Venecia. Búscame cuando esté perdida y encuéntrame. Prométeme que te quedarás, aunque no llueva. Déjame soñarte un poco más. Júrame que nunca querrás a nadie más que a mí, que siempre seremos nosotros. No me dejes sola esta noche, que la cama se me hace muy incómoda sin ti. Dime que soy yo esa sonrisa tuya tan bonita. Explícame cómo funcionas y prométeme que si tenemos que rendirnos será uno encima del otro.

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